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HISTORIA DE DOS HERMANOS


Cuento recopilado por: Walter Tinta

Una familia de pastores muy pobres vivía en una alejada estancia llamada Mocurca. El padre de familia se dedicaba al pastoreo y la madre a los quehaceres de la casa, al hilado y tejido. Un día en que pastaban su ganado en la puna, se formó una tempestad y cayó un rayo, que fulminó al pastor y mató a gran número de su rebaño de alpacas y ovejas. La mujer quedó viuda y sus dos hijos quedaron huérfanos, el mayor se llamaba Kamile y el menor Huaycho, ellos tuvieron que ayudar desde temprana edad en las labores de pastoreo del poco ganado que les quedaba. Con el correr del tiempo los muchachos crecieron y se hicieron jóvenes.

El mayor se juntó con Yanasita, joven pastora y formaron su hogar al lado de su mamá. Los pocos animales que les quedaban apenas producían lana y carne para sobrevivir, pero se sentían felices con la llegada de los hijos y la esperanza de que sus vidas mejorarían en los siguientes años.

El menor de los hermanos también se juntó con Carachi, una pastora mayor que él, viuda y heredera de una estancia y abundante ganado, ovejas, llamas y alpacas, ellos si vivían en abundancia de alimentos y ropas.  Además, en sus despensas tenían guardadas grandes cantidades de alimentos: charqui, challhua seca, chombas llenas de maíz cabanita, lacayotes de Huambo, cebada de Pinchollo, Habas de Achoma, sal de Lluta y hasta higos secos de Majes. No obstante la gran fortuna, no eran felices, por que sus hijos nacieron minusválidos y por que la mujer era muy ambiciosa, le prohibía a Huaycho compartir ningún pedazo de alimento con su madre, hermano y sobrinos.

Con el pasar de los años, después de que construyeron los túneles y canales del Proyecto Majes, los manantiales de la estancia de Kamile se secaron, los pastizales ya no rebrotaban, el ganado enflaqueció y no se reproducía, al contrario se fueron diezmando. Se hicieron cada vez más pobres, al extremo que ya no tenían nada para comer. Ante esta situación, su mujer le aconsejó a Kamile, marchar a una lejana ciudad donde conseguiría trabajo para sacar de la miseria a su familia. En las vísperas del viaje, la madre fue a solicitar a Huaycho, para que prestara a su hermano mayor un poco de maíz y charqui para su fiambre y para que sus menores hijos no murieran de hambre. Pese a las súplicas de la anciana mujer, Huaycho se negó a proporcionar ningún favor a su hermano, aduciendo que ellos tampoco tenían nada y se morían de hambre. La madre regresó a su estancia muy triste y llorando, sin conseguir nada. Junto a su nuera Yanasita prepararon el fiambre con un poco de “murmunto”, un poco de chalhua seca, agua de puquial en vez de chicha y hojas de queñua en vez de coca.

El hijo mayor de todas maneras marchó hacia la ciudad desconocida, prometiendo volver con dinero, alimentos y ropa para toda la familia. Tuvo que viajar por tres días y sus 2 noches. Al segundo día del viaje se le había agotado su fiambre, apenas le quedaba agua y un poco de hoja de queñua que masticaba como si fuera coca. Al anochecer llegó a un paraje rodeado de tres cerros, donde descargó su atado que llevaba a la espalda y extendió al suelo para descansar. Con tanta hambre no conciliaba el sueño, pero por el cansancio de la caminata se quedó dormido. En la oscuridad de la noche le despertaron unas voces extrañas, era la conversación de varias personas, pero que permanecían invisibles. En su intento de entender la conversación quedó despierto hasta la madrugada, pero se quedó nuevamente dormido. En su sueño un “weracocha” le habló y le dijo que en el camino iba a encontrar un tesoro con el cual salvaría a su familia, pero que previamente sería sometido a una prueba de buena voluntad impuesto por los Apus y Collanas. Al despertarse ya el sol estuvo rayando. Se levantó presuroso para continuar el viaje, pero con sorpresa encontró un poco de cancha y charqui en su atado. Apenas había avanzado cuesta arriba,  cuando encontró tirado y moribundo a un anciano, quien con voz débil le pidió ayuda. Inmediatamente le dio de beber el agua, y le hizo comer un poco de charqui. En anciano se recuperó y le preguntó a donde iba. Kamile le contó su proyecto y las razones de su viaje, en respuesta el viejito le regaló su atado, recomendándole que no lo abriera hasta llegar a su casa e hiciera previamente un pago a la tierra.

Así lo hizo, regresó a su casa, contó lo sucedido a su familia y en la noche procedieron al pago a la tierra y luego destaparon el regalo, que contenía abundantes llamitas, ovejas y alpacas de barro que poco a poco se fueron convirtiendo en animales reales y fueron llenando todos los corrales. Igualmente sus chozas se llenaron de víveres y no les faltó nada. De esta forma esta familia pobre, pero muy creyente, sobre todo en los cerros que eran conocidos como Apus, había sido favorecida por sus Dioses, quedándose muy felices con todo lo que les había concedido el Dios Apu.

Muy pronto Carachi se enteró lo sucedido con la otra familia y le dijo a Huaycho para averiguar lo sucedido y que con seguridad habrían robado. Ambos fueron una mañana a la casa de Kamile, estando muy seguros de su sospecha, les increparon de haber robado tantos animales y víveres, culpándoles de haber matado gente de alguna estancia, y que para no decir nada deberían de darles por lo menos la mitad de los animales. Ante esta acusación de robo y asesinato, el hermano mayor le contó a su hermano y cuñada todo lo que le había sucedido, obsequiándole a su hermano, víveres, utensilios de casa, así como bastante ropa para ellos y sus hijos. No obstante la aclaración y los obsequios se marcharon intrigados y esa misma noche la señora planeó para que su marido emprendiera un viaje similar. A pesar que Huaycho no estaba de acuerdo con el viaje, Carachi lo convenció y al día siguiente partió por el mismo camino que su hermano mayor.

Para el fiambre la mujer mató la gallina más gorda y le puso harta coca y cigarro, tres botellas de chicha y dos de cañazo. En su primer día de viaje encontró a un niño pastor que se moría de hambre, pero no le dio nada pensando que su comida se podría acabar pronto, al segundo día de viaje llegó al mismo sitio donde le indicó que había llegado su hermano, se puso a descansar esperando en qué momento escucharía la conversación, mientras tanto se comió toda la gallina, se tomó la chicha, fumó y se tomó todas las botellas de cañazo, se puso borracho y desafió a los Apus. De su sueño no se acordó nada, al despertarse encontró un atado y muy contento y presuroso pensó que si regresaba a su casa los objetos de barro se convertirían en animales y tendría más ganado que su hermano.

 

 

Al llegar a su casa su mujer le quitó el atado, muy ambiciosa y sin antes efectuar ningún pago a la tierra empezó a sacar los objetos de barro, el marido agarró un venado y le salieron los cachos y se convirtió en venado, la mujer agarró otro objeto y se convirtió en añás y los hijos se convirtieron en ajoyas (patos silvestres), y todos los ganados se petrificaron y  por eso, hasta ahora, cerca de la hacienda de Mocurca hay venados, zorrinos, ajoyas y muchas piedras parecidas a llamas y ovejas.
Cuento narrado por Lorenzo Jiménez Ninahuamán, Cabanacondino, destacado estudiante de la escuela 932, Capitán y navegante de los siete mares.

 

Cuento narrado por Lorenzo Jiménez Ninahuamán, Cabanacondino, destacado estudiante de la escuela 932, Capitán y navegante de los siete mares.