La Guerra de los Apus

Por: Walter Tinta Junco

 

Como testimonio de vivo recuerdo a mis amigos cotahuasinos: "Chacho" Martínez  y David Mota Pérez, quienes iniciaron el sueño de hermanar a los pueblos del Colca y Cotahuasi.
Al "Ronco" Ricardo Azpilcueta, quien conociendo la mayor profundidad del Cañón Colca sobre el Cotahuasi, insiste en el empate.

En los albores del mundo, cuando la faz de la tierra era plana, en esta parte del planeta los mares inundaban la actual ciudad de Arequipa y las pampas de majes; en esos tiempos los ríos fluían del lado brasileño hacia el peruano. En las partes altas entre los volcanes había enormes lagunas, donde habitaban gigantescos peces y sirenas, en sus pampas retozaban los primos hermanos de guanacos y vicuñas, En esos tiempos llovía sin descanso, pero habían días soleados. En sus bosques de queñuales y quishuares habitaban enormes mamíferos como tarucas, chinchayas, vizcachas y chinchillas, entre otros roedores; también habitaban aves como: perdices, kivios, y ñandúes. En sus árboles anidaban colibríes, chillchas y cuculíes. Los cóndores tenían el doble de corpulencia que en la actualidad, volaban solemnes y solamente llegaban hasta esos lugares para aparearse. Los pumas y zorros tenían sus guaridas en sitios lóbregos La vida entonces era muy tranquila.


En esos tiempos y en esta parte del mundo, fuera del mar se erguían los apus: el Ampato y el Ccorepuna. El Misti, Chachani y otros volcanes no existían. Los apus tenían sus hembras y descendientes, quienes convivían en mutuas consideraciones y frecuentes obsequios. El Ampato un robusto volcán y uno de los más altos, con su hembra Walka-Walca tuvieron un hijo Sahuanjea. El Ccorepuna, hermano menor ocupaba su espacio no muy distante al de su hermano, era muy rico, vivía rodeado de mucho oro, por eso se le llamó "Ccorepuna", que en quechua significa "Volcán de oro" tuvo su hembra "Solimana" y una hermosa hija. Para comunicarse entre ambos ayllus, sus mensajes eran enviados utilizando un gran puente, el "Koyche" (arco iris).


Por la generosidad del padre sol, quien les prodigaba una vida de esplendor y de bonanza, ambos ayllus decidieron entregar en ofrenda algo realmente valioso y apetecible por su dios, acordaron entonces sacrificar a uno de sus hijos. Siendo difícil la tarea de elección, encomendaron al "pacpaco" (lechuza), la tarea de la elección. Desde entonces a esta ave nocturna se le conoce como el agorero de la fatalidad, y la muerte, por eso su canto es indeseado y es espantado de cuanto árbol o lugar donde se pose.


El "pacpaco" ingresando a los laberintos del "ukhupacha" (mundo te abajo o infierno), con la ayuda del "laycca" (brujo) leyeron en su "mesa" el destino de los jóvenes y las apetencias del dios Sol, resolviendo así entregar a la princesa, hija de Ccorepuna, como ofrenda al padre sol. Anunciaron la decisión con apoyo de truenos y relámpagos, en "Hanaccpacha" (el cielo) y "Kaypacha" (el mundo terrenal). El aviso causó tristeza en los padres de ambos ayllus, pero llanto y tragedia en el espíritu del joven Sahuanjea, quien con la princesa estaban enamorados desde muy tiernos y pensaban formar su propio ayllu unificando el Colca y Cotahuasi.


Sahuanjea, al saber la aciaga noticia, desobedeciendo los acuerdos de los apus, de no traspasar las fronteras de sus propios dominios, burló las fronteras para salvar a su amada, quien para no ser visto viajó por cavernas y gigantescas grietas, pero lamentablemente fracasó en su intento, por que el "añás" (zorrino) se cruzó en su camino y dio aviso al "pacpaco", quien alertó a los apus mediante sus alaridos y cantos malagüeros.


Al enterarse de tan fatídico intento de Sahuanjea, ambos apus acordaron, poner obstáculos para impedir futuros intentos de rapto. Dichos obstáculos consistieron en labrar unas hendiduras muy profundas. El Ampato lanzó fuego, derritiendo las rocas y con ayuda de su barreta escarbó un profundo cañón en forma de "V", a quien llamó "Ccolcca", mientras que Ccorepuna lanzando fuego y utilizando su lampa de oro, labró otro cañón profundo pero en forma de "U", a quien llamó "Ccotahuasi", así nacieron ambos cañones, por cuyo cauce circularon caudalosos y rugientes ríos.


El joven Sahuanjea lloraba y sufría sin consolación, su llanto se convirtió en lava ardiente, que derritió los nevados que cubrían las cabezas de sus padres, entonces se formaron corrientes de "huaycos" que arrastraron lodo, lava y ceniza, hasta cubrir y represar el cañón Ccolcca cerca al lugar de "Ccahuanacunqui" (hoy Cabanaconde).


Sahuanjea, en un nuevo intento de salvar a su amada, cruzó en la oscuridad de la noche el cañón Ccolcca por la cresta de la presa y raptó a la princesa De regreso habló con su madre Walka-Walka para que le ayudara a ocultar a su amada, y así, ambos la ocultaron., con un manto de nieve.


Ccorepuna al enterarse del infausto acontecimiento, lanzó un alarido de reclamo y advertencia, para que devolvieran a su hija, para ser entregado en ofrenda al padre Sol. Madre e hijo convencieron al apu Ampato defender la felicidad de los jóvenes enamorados, y entonces devolvieron la negativa como respuesta. Así empezó la guerra entre ambos Apus, entre ambos ayllus.

 
 El Ccorepuna, estalló en cólera, botó fuego y lava ardiente, y lanzó con su "huaraca" (honda) una inmensa piedra contra el apu Ampato. Esa piedra inmensa surcó los cielos con ruido estruendoso y cayó cerca de las faldas de Walka-Walka, formándose un gran hoyo que se reconvirtió en la laguna de Mocurca
El Ampato le devolvió en respuesta también un hondazo, la piedra viajó por los cielos como un cometa y cayó muy cerca del Ccorepuna, en el lugar llamado "Cejpa" que en quechua significa despellejado, causando un profundo agujero, donde ocurre una catarata y se pierden las aguas del río Cotahuasi. 


 Muy molesto el Ccorepuna, resollando fuego, ajustó su puntería y exigiendo al máximo sus energías, mandó un certero proyectil que pasó estruendoso y raspando el cuerpo del Ampato, a quien le causó una profunda herida en su costado, en forma de surco, provocándole inclinarse hacia un lado, por eso su cuerpo aparece medio tumbado con el cráter a un costado. 


El Ampato, herido de muerte, y haciendo un último esfuerzo, ayudado por el aliento de fuego de su hijo, lanzó un último y fulminante "huaracazo", un inmenso proyectil impactó y cercenó la cabeza del Ccorepuna, que desde entonces se llama "Ccoropuna" que en quechua quiere decir "cabeza mochada". 


 El impacto fue tan grande y estruendoso que, se sintió hasta en otros mundos, el golpe desintegró las rocas convirtiéndolos en polvo, cubriendo los cielos y oscureciendo por mucho tiempo el aposento de los apus. El padre Sol, enterado de la trágica guerra y muerte de los apus, castigó a sus ayllus, quitándoles las aguas que llenaban sus lagunas, sus ríos se secaron, las plantas y los peces murieron, las vicuñas, alpacas y otros animales se alejaron hacia otros parajes

 
Después de miles de años llegaron los primeros humanos para colonizar ambos cañones, Al hacer las ofrendas al Ampato, descubrieron a la princesa que habiendo tomado formas humanas, yacía acurrucada en el regazo de su protector Ampato, y a la que equivocadamente le pusieron el nombre de "Juanita".
El Sahuanjea fue el único volcán que quedó a salvo, aun permanece vivo, respira hasta ahora, con él se mantiene vivo el deseo de unificar ambos cañones y ambos pueblos.

Poblar el Cotahuasi no fue muy difícil, el fondo del cañón habiendo sido labrado en forma de "U", en ambos lados del río quedaron amplias terrazas que facilitaron la siembra de la papa y el olluco. En cambio colonizar el cañón Colca fue más difícil. Al tener la forma de "V", en cuyo fondo no quedaron terrazas, entonces los hombres empezaron a construir andenerías y dominar sus laderas. El Inca, viendo que eran muy trabajadores, les premió con un choclo de oro, que al convertirse en maíz dulce y suave, sirve de alimento para muchos pueblos.


 Walter Tinta Junco, nacido en Cabanaconde, escribió esta leyenda (1995) “La guerra de los Apus", basado en los relatos de Miguel Apaza, centenario pastor de llamas, que vivió en Loccmillo a orillas de la laguna Mocurca.