Día del Trabajo

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Día de la Madre

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Bienvenido

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Vive un emocionante viaje visitando los lugares más hermosos del valle del colca.

Hotel Kuntur Wassi

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El hotel Kuntur Wassi te ofrece el mejor alojamiento en el maravilloso pueblo de Cabanaconde, donde podrás visitar el impresionante Cañón del  Colca, Perú.

Comodas Instalaciones

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Las más cómodas instalaciones en Cabanaconde. Contamos con Internet y agua caliente entre otros servicios

Hotel Kuntur Wassi Arequipa

Nuestras Habitaciones

Contamos con 30 habitaciones, las cuales son muy comodas, espaciosas y confortables. Tenemos habitaciones simples, dobles, triples, matrimoniales y suites.

Valle del Colca

Valle del Colca

El valle del Colca es uno de los destinos turísticos más visitados, está ubicado en el departamento de Arequipa. Abarca una serie de circuitos de trekking, el cual está rodeado de bellos paisajes naturales.

Kuntur Wassi

Kuntur Wassi

Somos el hotel más cercano a las rutas de trekking y a la cruz del cóndor, hermoso lugar turístico del Colca.

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Ven y disfruta el Día del Trabajo y el Día de la Madre a un Super Precio. A tan solo 139 soles por persona!.

Te incluimos:

Visita grupal al hotel
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Llamas en el Colca
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Hotel Kuntur Wassi, el mejor alojamiento para usted.
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Galeria de imagenes de nuestro hotel.

Estampas Costumbristas
Estampas Costumbristas

El colorido, tradición, costumbres y arte del p

La Granja del Colca
La Granja del Colca

Fotos de La Granja del Colca

Visitantes
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Algunos de nuestros clientes del hotel.

Treking
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Cabanaconde & Chivay
Cabanaconde & Chivay

Fotos de Cabanaconde & Chivay

En nuestro hotel, tenemos visitantes y amigos de diferentes partes del mundo.  Un grupo de ellos, de la lejana y amistosa Rusia,  tuvieron la gentileza de mencionarnos en su fabulosa travesia por el Peru.
A continuacion, los enlaces del mismo:


Original en Ruso andreev.org

Traduccion de Google Translate

Esperemos disfruten de sus historias.
Valle del Colca: "Un Misterio a la Orilla del Cielo"
En este rincón insospechado del sur peruano, la naturaleza estalló un día para regalar montañas nevadas, terrazas de cultivo, pueblos agazapados y la cicatriz que la furia volcánica abrió en uno de los cañones más profundos

Hay que sufrir los rigores de las alturas para llegar a este escenario encajonado entre las cumbres nevadas de los Andes y sentir el efecto embriagador de la inmensidad, la la magia de la soledad y del silencio, la llamada de una tierra que invita a perderse por los túneles de los tiempos hasta dar con el pasado aprisionado entre sus piedras.

Porque en el Valle del Colca, todo permanece inmutable. Ni el lento amontonar de los siglos ni la fuerza de ese viento que golpea con frecuencia y que, al hacerlo, deja colgado su eco sobre las laderas escarpadas, ha logrado borrar la huella de las civilizaciones más antiguas, de mucho más allá de donde alcanza el recuerdo, cuando el mundo se pintaba con otros corajes y la naturaleza imponía sus designios.

Todavía hoy, este valle nacido de un cataclismo, con su alarde de orografía antojadiza y su legado de ritos y creencias, sigue siendo el reino del misterio. Y también del soroche, persistente y machacón, que es el precio que hay que pagar por arrimarse a las proximidades del cielo.

Casi tres horas lleva el camino desde la enseñoreada 'ciudad blanca' de Arequipa, la joya urbana del sur peruano, hasta las inmediaciones del Colca, donde estalla ese espectáculo natural al que el propio Mario Vargas Llosa, oriundo de esta región marcada por la furia volcánica, le dio el 'carrolliano' sobrenombre de 'El Valle de las Maravillas'.

Aferrada a las faldas de las montañas, la carretera, estrecha y sinuosa, asciende y asciende sin tregua como en una espiral infinita, hasta superar el punto más alto, un paso de 4.800 metros sobre el nivel del mar. Sólo entonces la circulación se volverá lenta e indolente, como si el propio vehículo sufriera también la disminución del oxígeno, ese efecto de las altas latitudes que a veces acarrea un leve mareo, mucha fatiga y cierta presión en la cabeza, pero que tiene su remedio fácil y rápido en el típico mate de coca, milenaria infusión reconstituyente.

...magia de la soledad y del silencio, la llamada de una tierra que invita a perderse por los túneles de los tiempos hasta dar con el pasado aprisionado entre sus piedras.

Porque en el Valle del Colca, todo permanece inmutable. Ni el lento amontonar de los siglos ni la fuerza de ese viento que golpea con frecuencia y que, al hacerlo, deja colgado su eco sobre las laderas escarpadas, ha logrado borrar la huella de las civilizaciones más antiguas, de mucho más allá de donde alcanza el recuerdo, cuando el mundo se pintaba con otros corajes y la naturaleza imponía sus designios.

El Valle del Colca debe su nombre a un vocablo de origen quechua que significa 'granero' y que, en tiempos remotos y olvidados, designaba ese almacén donde se acumulaba el maíz sobrante para futuras épocas de carestía. Y es que sus suelos, pródigos y fértiles, han sido y son desde tiempo inmemorial un extenso dominio agrícola con uno de los sistemas de andenerías más formidables del mundo.

Existen en todo el territorio unas diez mil terrazas cultivables, algunas de las cuales provienen del año 500 antes de Cristo, antes, mucho antes de la llegada de los incas a estos ignotos parajes, donde ellos mismos acabarían aumentando y perfeccionando los canales. Un sistema de ingeniería agraria que no sólo constituía la infraestructura perfecta para distribuir los torrentes del riego en las pendientes acusadas, sino que también dio al valle su imagen más característica, la de esos escalones labrados en la tierra con diferentes tonalidades del verde.

Si hay algo que distingue de veras al Colca, más allá de su cadena volcánica y la profunda cicatriz de su cañón, son estas terrazas de alocada geometría, que acompañan el curso cimbreante del río a la vera de curvas que marean el terreno. Y todavía hoy, miles de años después, sirven para el cultivo de papas, habas o quinua, principales productos de los Andes.
 

ADORACIÓN A LOS APUS
El camino sigue su curso ascendente hacia las nubes, mientras la tierra gana en aridez para dejar paso sólo a aquella vegetación que se adapta a los zarpazos del frío, y que adopta un tono pajizo y uniforme como espuma coloreada por el ámbar. Estamos ante la inhóspita Puna, abrupta y desierta, tan semejante al paisaje lunar. Un entorno que forma parte de la Reseva Nacional de Aguada Blanca y Salinas, cargada de mitos y leyendas.

Porque en este parque de más de 350.000 hectáreas se concentra toda la magia de los 'apus', esas montañas a las que las antiguas civilizaciones incas consideraron deidades poderosas.

Los 'apus' -en quechua, 'espíritus protectores'- regaban la estación seca con las aguas provenientes de sus cumbres, y este 'milagro' de la naturaleza merecía toda adoración. Cuentan que, entre los múltiples ritos, figuraba también el 'capac cocha' o sacrificio humano, del que existen pruebas irrefutables. La más reciente, la de la momia Juanita, descubierta hace diecisiete años en la cima del volcán Ampato: una niña inca sacrificada hace siglos en honor a este elevado 'apu', y cuyo cuerpo embalsamado se exhibe en un museo de Arequipa.

Además del Ampato (6.380 metros), otros 'apus' recortan el horizonte, como el Misti (5.825), cuyo nombre es 'señor' en aimara; el Chachani (6.075), que es 'mujer vestida' en quechua; o el Pichu-Pichu (5.664), que quiere decir 'pico-pico' en '' cualquiera de estas lenguas indígenas. Tres volcanes por los que, según relata la fábula, aún puede verse el rastro de las procesiones que rogaban el fin de su cólera.

En este baño de paisaje inabarcable, y antes de llegar a Chivay -el pueblo principal del valle-, la ruta se abre paso entre manadas de vicuñas pastando en los arbustos amarillos. Un animal codiciado por la fina fibra de su pelo, de la que solamente un kilogramo puede costar 400 euros. Mullidas, rechonchas y adornadas con bandas de colores, mucho menos sofisticadas resultan sus hermanas domésticas, las llamas y la alpacas, de las que además de su lana, se utiliza también su carne. Todas, junto con el guanaco, conforman el cuarteto de camélidos sudamericanos que pueblan el Valle del Colca. A este último, similar a la vicuña pero con el rostro negro, se le llama el terrorista de los Andes.

Chivay, con su puente de trazado preincaico, su iglesita del siglo XVIII y sus cercanas aguas termales -los baños de La Calera, a los que los incas revistieron de un poder mágico por sus propiedades curativas-, supone el primer encontronazo humano. No será el último, sin embargo.

Comunicados por caminos de herradura y en ambas márgenes del río Colca, unas 70.000 personas habitan el valle, repartidas en catorce pueblos y aldeas que disponen de luz y agua corriente sólo desde hace muy poco y que viven y sobreviven con las labores del campo. Pobladores que mantienen intactas sus costumbres ancestrales, las mismas que practicaban antes de la conquista y a las que añadieron después influencias españolas. Sólo hay que dar un paseo por los pequeños caseríos de Yanque, Maca o Coporaque para adentrarse en la vida sencilla de estas gentes que siguen adorando a los 'apus' con 'apacheta's -montoncitos de piedras- y sacrificios de alpacas -ya nunca de humanos- y que van los domingos a oír misa a sus ornamentadas iglesias coloniales.

Cuentan las crónicas que todos ellos descienden de dos grupos étnicos muy distintos que habitaron estos territorios desde los tiempos más lejanos: los collahuas, que hablaban aimara y decían proceder de las entrañas del volcán Collaguata, estrecho y alargado; y los cabanas, de lengua quechua, que eran hijos del nevado Hualca Hualca, plano y achatado. Grupos que deformaban con tablillas sus cráneos en función de sus adoraciones (ovalados los collahuas; aplastados los cabanas) y que hacían de este rasgo su seña de identidad.

Por suerte, en 1540, Pizarro cambió está costumbre de la deformación craneana para marcar la diferencia étnica de manera menos salvaje: con simples sombreros (de fondo blanco, estampados y abombados para los collahuas; negros y aplanados para los cabanas).
 

EL VUELO DEL CÓNDOR.
Considerado mensajero de los dioses y emisario entre los vivos y los muertos, el volador más pesado del planeta es otro reclamo imprescindible. Especialmente en la Cruz del Cóndor, un mirador privilegiado donde este animal majestuoso, cuyo despliegue de alas puede superar los tres metros, ofrece un espectáculo único: el de quedar suspendido en el aire sobre sus espectadores, mientras sube y baja desafiando el abismo y traza elegantes parábolas frente a las paredes rocosas.

Es en este punto donde el valle se estrecha de forma significativa para dar lugar al famoso Cañón del Colca, esa brecha de 100 kilómetros en cuyas profundidades -3.400 metros de vacío- se abre paso el río Colca bajo verticalidades de vértigo. Un cañón injustamente considerado el más profundo del mundo -en realidad lo es su hermano Cotahuasi, también oriundo del sur peruano- y que, a diferencia del Colorado -que nació de la erosión de un río-, se trata de una falla geológica abierta por un terremoto.

En las inmediaciones de esta sima, y aprovechando el tirón de turismo, ya hace tiempo que las mujeres indígenas venden sus artesanías de colores. Pero lo hacen de manera tímida y callada, alejadas de toda estridencia comercial, para no perturbar la paz de este valle que está barnizado de misterio.
 
 
 
Eleuterio Llasaca, tenía 12 años, era el mayor de cinco hermanos, cursaba el 4to de primaria en la escuela fiscal del poblado de Cherjac. Desde transición destacó en educación física y aritmética, disciplinas donde sacaba altos calificativos, fue el alumno predilecto del profesor don Constantino Telles, normalista urbano, quien decía que este muchacho llegaría a ser un gran profesional y sin duda una gran autoridad de la provincia.
Eleuterio, salía a declamar o actuar en todas las efemérides y celebraciones escolares, en los campeonatos deportivos era brillante, sobre todo en el box, pese a que no era agorilado era buen peleador tenia buena zurda y noqueaba a cuanto oponente se le presentaba, no obstante, era un compañero querido y respetado. Era un muchacho extrovertido, alegre y acriollado, el único que aprendió a bailar el twis y rock and roll, cuando sus compañeros preferían solo el huayno. Su sueño siempre fue salir del pueblo, estudiar en un centro superior para ser profesional y ayudar a sus padres y hermanos menores, también soñaba hacerse una casa en alguna ciudad, más bonita que la iglesia del pueblo. Por ser el hermano mayor sus padres lo engreían, era el único que tenía pelota de cuero y bicicleta, vestía ropas de vaquero que su papá traía de majes, usaba un sombrero de copa puntiaguda y ala ancha por lo que le decían el “coboy” (cowboy).
Cuando empezaba a cursar el quinto año de primaria, la vida de Eleuterio dio un giro brusco, al fallecer su padre en manos de asaltantes , cuando traía cañazo de Majes. Desde entonces empezaron los sufrimientos del otrora engreído y ahora huérfano muchacho. La madre no supo darle la disciplina y el apoyo económico necesarios, entonces Llasaca empezó a desmejorar en sus estudios, por ejemplo ciertos días faltaba a clases, se iba a los “solay” (sembrío de maíz) donde quería aprender a agarrar el arado y convertirse en “gañan”, de allí regresaba con los bolsillos llenos de cancha con queso, que se había ganado por ser buen guiador. También se iba para Ayón, huerto ubicado a las orillas del cañón Colca, donde cosechaba naranjas, higos, guayabas, pepinos, cidras, granadillas, que los obsequiaba a sus profesores y algo los vendía. También su madre le imponía algunas tareas domésticas, ciertos días mientras la madre se encontraba en las labores de la cosecha, Eleuterio tenía que ayudar en la casa atendiendo a sus hermanos menores, o cuidando de las vacas y de las mulas que su padre había dejado, tareas que le desagradaban por que le separaban del estudio.
Cierto día se le vio acercarse a la madre de Eleuterio hacia la dirección de la escuela. Hablaron con el profesor don Constantino Telles. La madre se quejó de la poca colaboración que recibía de su hijo y le solicitó su autorización para que abandone los estudios. Sabiendo de los malos momentos que le tocaba vivir a Eleuterio y de las buenas dotes de su mejor alumno, el profesor le aconsejó a la madre hacer un último esfuerzo para que su hijo termine sus estudios, ofreciéndole ayuda, a la madre se le vio salir llorando de la dirección. Después de esa conversación Llasaca nuevamente asistió regularmente a la escuela, pero ya no era el muchacho juguetón y amiguero, se puso muy serio, pocas veces aceptaba salir en actuaciones y a veces golpeaba por gusto a sus compañeros. Al final del año escolar obtuvo el primer puesto y le dieron la beca En la clausura del año escolar avisó a sus compañeros que estudiaría para ser aviador.
Al poco tiempo de las fiestas de navidad, Llasaca desapareció del pueblo, después se supo que se había escapado para Arequipa, porque su madre no quería ayudarle en sus estudios secundarios. En su huida le había robado algunas monedas de nueve décimos y dos libras esterlinas que su madre guardaba como único recuerdo de sus padres.
En Arequipa gracias a la recomendación de su profesor entró a trabajar en el Club Internacional, donde le encargaron la limpieza de la biblioteca, oportunidad que aprovechó para leer a José Carlos Mariátegui, Cesar Vallejo, Gonzales Prada, entre otros autores nacionales, pero quien más le impresionó fue Victor Hugo, con su obra Los Miserables, naciendo en él amor por la justicia.
Para estudiar en el colegio independencia tuvo que abandonar el trabajo. Para ingresar al colegio tuvo que dar un examen de suficiencia saliendo aprobado. Su condición de becado le liberaba de muchos gastos como la pensión escolar y los alimentos. En el colegio Independencia en su condición de interno tenía todo gratis.
No obstante que Llasaca era un serrano blanquiñoso, sus compañeros lo miraban con cierto prejuicio, lo serraneaban, pero para evitar tratos raciales nunca había dicho que era de Cherjac, sino de la costa, de Ayón, ubicado en las cabeceras de Majes donde el decía tener su hacienda, donde crecía plátanos, chirimoyas y donde tenía muchas vacas y caballos. Efectivamente Llasaca se iba juntando con los alumnos más pitucos y como era peleador y sabía boxear, les había demostrado superioridad, sus compañeros lo admitieron en el grupo e incluso llegó a ser el brigadier de la clase.
Después de varios años, en su pueblo no se sabía nada de él, entonces su madre preocupada, preparó unos dos quintales de chochoca, fue a la huerta y trajo unos cuatro cerones de naranja, de la truja desgranó dos arrobas de maíz, con la venta de dichos productos obtendría plata para sus pasajes y para comprarle algo para su hijo, además preparo un tostado especial de maíz blanco y con un molde de queso lo cosió como encomienda en una tela de harina.
Luego de viajar a pie hasta Pampa de Arrieros, durante tres días y dos noches de camino, se embarcó en el tren a. Arequipa, Inmediatamente que llegó para Arequipa, la señora se alojó en el Tambo Manrique y guardando sus bultos, fue a ver a su hijo para entregarle su encomienda, se presentó en el ingreso principal del colegio Independencia, solicitando al portero que le dejaran ingresar, quien no podía entender el mensaje de la extraña persona que solo hablaba quechua, ante tanto ruego se compadeció y le hizo pasar a la recepción. La señora con dificultad hizo entender que quería entregar a su hijo una encomienda
Luego de un tiempo que fueron a llamar al estudiante, en el pabellón donde estudiaba se escucharon gritos que retumbaron  ¡¡¡¡Liborio es serrano!!!,  ¡¡¡¡Eleuterio es serrano!!!, ¡¡¡¡ su mamá es una india !!!, ¡¡¡¡ su mamá es una india !!!,
La madre reconoció a su hijo desde que lo vio lejos en el patio, su corazón latía aceleradamente, quería abrazarlo, de sus ojos brotaron lágrimas de alegría, en su memoria surgieron mil recuerdos, vio que se parecía más y más a su padre. Eleuterio se presentó en la recepción y al ver a su madre en ese estado, no sabía si acercarse o no, vio a una mujer delgada, con algunas arrugas en la cara, con escasos dientes y ojos rojizos, los pelos canosos separados en dos trenzas se ocultaban bajo un sombrero raído, vestía atuendos típicos de su pueblo, usaba pollera roja de bayeta, calzaba ojotas y en su brazo sostenía un pequeño bulto, era la encomienda que contenía cancha de maíz, queso y charqui. En el momento en que ella quería ofrecerle el presente, Eleuterio le lanzó una mirada fulminante de reproche, disimuladamente le dijo en quechua que se fuera y que él iría a recoger la encomienda y le reclamó porque había ido al colegio, y que se vaya. La vieja entendiendo su imprudencia, de haber hecho pasar vergüenza a su querido hijo, se retiró en silencio, se perdió en el pasillo con pasos apresurados, pero con el sufrimiento en su corazón de no haber podido abrazar a su querido hijo y no haber podido entregarle la preciada encomienda.
Los compañeros de Llasaca y especialmente sus enemigos, a quienes les había ganado en deportes, le hicieron carga montón, le acusaron de serrano y de indio, de quechua-hablante, de tener una madre polleruda. Ante la acusación negó que fuera su madre, dijo que era una sirvienta que había traído encargo de la hacienda.
No supo resistir el insulto de sus colegas y se cambió para el colegio América.
Más tarde fue un brillante abogado, supo querer a su anciana madre y justo cuando iba a recibir el cargo de presidente de la Corte Suprema, le avisaron que su madre agonizaba en su pueblo natal. Envió una carta rechazando el alto cargo, cuando llegó a su pueblo la anciana agonizaba, se acercó a su madre y ella al ver a su hijo lanzó una ultima mirada le tomó de su mano y se dibujó una débil sonrisa en su arrugado rostro y cerró los ojos
A Llasaca le brotaron gruesas lágrimas, como todo hijo quedó en deuda con su anciana madre a quien alguna vez la había negado y de cuyo hecho nunca pudo perdonarse.
La Guerra de los Apus
En los albores del mundo cuando la faz de la tierra era plana, en esta parte del planeta los mares inundaban la actual ciudad de Arequipa y las pampas de majes. En esos tiempos los ríos de la costa apenas eran unos riachuelos, en las partes altas entre los volcanes había enormes lagunas, donde habitaban gigantescos peces, en sus pampas retozaban los primos hermanos de guanacos y vicuñas, Los cóndores tenían el doble de corpulencia que en la actualidad, volaban solemnes y solamente llegaban hasta esos lugares para aparearse. En esos tiempos llovía de noche y los días eran soleados. En sus bosques de queñuales y quishuares habitaban enormes mamíferos como tarucas, chinchayas (osos) vizcachas, y otros roedores, también habitaban aves como: perdices, kivios, ñanduces, entre otros. En sus árboles anidaban colibríes chillchas y cuculíes. Los pumas y zorros tenían sus guaridas en pedregales La vida era muy tranquila y de felicidad.
En esos tiempos, sobre la faz de esta parte de la tierra, se alzaban los apus: el Ampato, el Ccorepuna y sus ayllus. El Misti, Chachani y otros volcanes no existían aun. Los apus tenían sus hembras y descendientes, quienes convivían en mutuas consideraciones y frecuentes obsequios. El Ampato un robusto volcán uno de los más altos (cerca de 7,000m), con su hembra Walka-Walca, tuvieron un hijo Sahuanjea. De otro lado el Ccorepuna, aún más alto que el Anpato, era muy rico, vivía rodeado de mucho oro, por eso se le llamó “Ccorepuna”, que en quechua significa “Volcán de oro” tuvo su hembra “Solimana” y una hermosa hija.
Para comunicarse ambos ayllus enviaban sus mensajes utilizando un gran puente, el “Koyche” (arco iris), en ocasiones los relámpagos y truenos divulgaban los mensajes. O también las aves de alto vuelo y los más veloces mamíferos se convertían en buenos mensajeros.
Por la generosidad del padre sol, quien les prodigaba una vida de esplendor y de bonanza, ambos ayllus decidieron entregar en ofrenda algo realmente valioso y apetecible por su dios, acordaron entonces sacrificar a uno de sus hijos. Siendo difícil la tarea de elección, encomendaron al “pacpaco” (lechuza), la tarea de la elección. Desde entonces a esta ave nocturna se le conoce como el agorero de la fatalidad, y la muerte, por eso su canto es indeseado y es espantado de cuanto árbol o lugar logre propasarse.
El “pacpaco” ingresando a los laberintos del “huku pacha” (mundo te abajo o infierno), con la ayuda del “laycca” (brujo) leyeron en su “mesa” el destino de los jóvenes y las apetencias del dios Sol, y resolvieron entregar a la princesa hija de Ccorepuna, como ofrenda al padre sol. Anunciaron la decisión en “Hanac pacha” (el cielo) y “Kay pacha” (el mundo terrenal), con apoyo de truenos y relámpagos, las aves y mamíferos se encargaron de llevar el mensaje a todos los rincones de ese mundo. El aviso causó tristeza en los padres de ambos ayllus, pero llanto y tragedia en el espíritu del joven Sahuanjea, quien con la princesa estaban enamorados desde muy tiernos y pensaban formar su propio ayllu unificando el Colca y Cotahuasi.
Sahuanjea, al saber la trágica noticia, desobedeciendo los acuerdos de los apus, de no traspasar las linderos de sus propios dominios, burló las fronteras para salvar a su amada, quien para no ser visto viajó por cavernas y gigantescas grietas, pero lamentablemente fracasó en su intento, porque el “añas” (zorrino) se cruzó en su camino y dio aviso al “pacpaco”, quien alertó a los apus mediante alaridos y truenos.
Al enterarse de tan fatídico intento de Sahuanjea, ambos apus acordaron, poner obstáculos para impedir futuros intentos de rapto. Dichos obstáculos consistieron en labrar unas zanjas muy profundas. El Ampato lanzó fuego derritió las rocas y con ayuda de su barreta escarbó un profundo cañón en forma de “V”, a quien llamó “Ccolcca”, mientras que Ccorepuna lanzando fuego y utilizando su lampa de oro, labró otro cañón profundo pero en forma de “U”, a quien llamó “Ccotahuasi”, así nacieron ambos cañones, por cuyo cauce circularon caudalosos y rugientes ríos.
Sahuanjea lloraba y sufría sin consolación, su llanto se convirtió en lava ardiente, que derritió los nevados que cubrían las cabezas de sus padres, entonces se formaron corrientes de “huaycos” que arrastraron lodo, lava y ceniza, hasta cubrir y represar el cañón Ccolcca, muy cerca al lugar de “Ccahuanacunqui” donde se fundó la Capital de la cultura Cabana. Al ser tapado el cauce del río Ccolcca, empezó a formarse una enorme laguna, cuyas aguas se extendían desde Pinchollo hasta Yanque.
Sahuanjea, en un nuevo intento de salvar a su amada, cruzó en la oscuridad de la noche el cañón Ccolcca por la cresta de la presa y raptó a la princesa. De regreso habló con su madre Walka-Walka para que le ayudara a ocultar a su amada, y ambos la ocultaron.
Ccorepuna al enterarse del infausto acontecimiento, lanzó un alarido de reclamo y advertencia, para que devuelvan a su hija, para ser entregado en ofrenda al padre Sol.
Madre e hijo convencieron al apu Ampato defender la felicidad de los jóvenes enamorados, y entonces devolvieron la negativa como respuesta. Así empezó la guerra entre ambos Apus, entre ambos ayllus.
El Ccorepuna, estalló en cólera, botó fuego y lava ardiente, y lanzó con su “huaraca” (honda, arma de guerra) una gran piedra contra el apu Ampato. Esa piedra inmensa voló por los aires con ruido estruendoso, más que los truenos, y generando fuertes vientos, más que un huracán. El proyectil cayó cerca de las faldas de Walka-Walka formando un gran hoyo que se reconvirtió en la laguna de Mocurca, con el impacto la tierra tembló, se levantó polvo, el cielo se oscureció, por varios días las aves no pudieron volar.
Ampato le devolvió en respuesta también un hondazo, a su proyectil le clavó una gruesa barreta y lo lanzó con mucha fuerza, voló por el aire como un cometa, de su cabeza salía fuego, la noche se iluminó como de día. La piedra cayó muy cerca del Ccorepuna, en el lugar llamado “Cejpa” (que en quechua significa desgarrado), la barreta causó un profundo agujero, a ese sitio hoy en día se le conoce con el nombre de Cepia, donde se pierde el agua del río Cotahuasi, formando una gran catarata.
Muy encolerizado Ccorepuna, ajustando su puntería y exigiendo al máximo sus energías, mandó un certero hondazo que pasó estruendoso y raspando el cuerpo de Ampato, a quien le causó una profunda herida, desgarró su cuerpo en forma de surco, de las piedras salían chispas, el Ampato boto mucho humo y lava, se dobló hacia un lado, por eso su cráter se encuentra a un costado.
El Ampato, herido de muerte, y haciendo un último esfuerzo, ayudado por el aliento de fuego de su hijo, lanzó un último y fulminante “huaracazo” empleó una piedra metálica de mediano tamaño pero muy pesada, tenía tungsteno, la piedra viajó silbando y rugiendo por los aires, impactó directamente en la cabeza del Ccorepuna, se escuchó un alarido ensordecedor, de la cabeza del apu empezó a salpicar y brotar lava como sangre, la tierra entera tembló, el impacto fue tan grande y estruendoso que, se sintió hasta en otros mundos, el golpe desintegró las rocas convirtiéndolos en polvo que cubrió los cielos y puso en oscuridad por mucho tiempo el aposento de los apus, luego reinó el silencio absoluto
Cuando los humos se desvanecieron y el padre Sol iluminó la faz de la tierra, se vio la destrucción y el caos, a un lado yacía el inmenso Ccorepuna sin cabeza, desde entonces se le llama “Ccoropuna” que en quechua quiere decir “cabeza mochada”. En el otro lado agonizaba el Ampato, doblado y votando lava
El padre Sol, enterado de la trágica guerra y muerte de los apus, castigó a sus ayllus, quitándoles las aguas que llenaban sus lagunas, sus ríos se secaron, la represa formada por Sahuanjea se desbordó, las plantas y los peces murieron, las vicuñas, alpacas y otros animales se alejaron hacia otros parajes, solo los cóndores se quedaron como únicos testigos de la trágica guerra y porque adoraban a la princesa.
Después de miles de años llegaron los primeros humanos para colonizar ambos cañones, Al hacer las ofrendas al Ampato, descubrieron a la princesa que habiendo tomado formas humanas, yacía acurrucada en los poderosos brazos de su protector Ampato, y a quien equivocadamente le pusieron el nombre de “Juanita”.
El Sahuanjea fue el único que quedó a salvo, aún permanece vivo, respira hasta ahora, con él se mantiene vivo el deseo de unificar ambos cañones y ambos pueblos.
Poblar el Cotahuasi no fue muy difícil, el fondo del cañón habiendo sido labrado en forma de “U”, en ambos lados del río quedaron amplias terrazas que facilitaron la siembra de la papa y el olluco. En cambio colonizar el cañón Colca fue más difícil. Al tener la forma de “V”, en cuyo fondo no quedaron terrazas, entonces los hombres empezaron a construir andenerías y dominar las laderas. En el fondo de la antigua laguna nacieron los pueblos de Maca, Madrigal, Hichupampa, Achoma, Yanque, Coporaque, entre otros. Viendo que sus habitantes eran muy trabajadores, el inca les premió con un choclo de oro, que al convertirse en maíz sirve de alimento a muchos pueblos.
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